Soy la persona más dañada que conozco - pensó ella- mientras salía del centro psicológico en el que fue a dar una consulta. Puso la alarma y corrió a cerrar la puerta con llave, seguía repitiéndose en la mente esa misma frase, seguida de; cómo llegué hasta aquí? por qué no hice esto antes? qué me hacía falta? tengo algún motivador, algún plan?
Lo único que sabía ella es que quería seguir en donde estaba, no quería irse al otro lado del charco a emprender una aventura que no era suya y no quería que fuera suya. Aún así, no dejaba de pensar en que su actitud era hacia sus padres una muestra de ingratitud. Desearía tanto estar yendo al psicólogo ahorita - suspiró -
Qué ironía, una psicóloga queriendo ir al psicólogo, pero es que estaba acostumbrada a que los demás hicieran sus cosas, esta vez podría tomar la oportunidad de mantenerse, trabajar a 6 pacientes por día que le alcanzaría para mantener sus gastos (que eran muy mínimos).
Pero sus padres no estaban de acuerdo con esa idea. Acostumbrados a protegerla, darle lo que necesita, etc.
(Ya tengo sueño, mejor me iré a dormir)
miércoles, 13 de junio de 2012
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